La basílica paleocristiana de San Pedro se construyó en el siglo IV d.C. en la colina del Vaticano sobre la tumba de San Pedro. Tenía una planta de cruz latina con tres naves y ábside, y contaba con atrio y nártex. Fue un modelo arquitectónico influyente hasta que fue reemplazada por la actual basílica de San Pedro en el siglo XVI.