Las fracturas abiertas son fracturas óseas en las que los extremos fracturados están en contacto con el exterior, lo que aumenta el riesgo de infección. Existen varias clasificaciones, como la de Gustilo-Anderson, que categoriza las fracturas abiertas en tres tipos dependiendo de la gravedad de la herida y lesión de los tejidos blandos asociados. El tratamiento debe centrarse en prevenir infecciones, lograr consolidación ósea y recuperar la función del área afectada.