La ira se caracteriza por expresiones faciales como cejas fruncidas, mirada intensa y boca tensa. Se genera en la amígdala del sistema límbico y dificulta el aprendizaje al desviar la atención. Para controlar la ira se recomienda tomar conciencia de las causas, aprender a racionalizar emociones e impulsos, y desarrollar autocontrol y tolerancia. El tratamiento incluye terapia cognitivo-conductual y medicamentos.