Los focos persistentes de paludismo en México se encuentran principalmente en Chiapas, Oaxaca y en los estados del noroeste como Durango y Sinaloa. Los casos reportados son casi exclusivamente de P. vivax. El diagnóstico se realiza mediante la detección de parásitos en la gota gruesa de personas con fiebre procedentes de áreas endémicas y el tratamiento consiste en la asociación de cloroquina y primaquina.