Los planes de convivencia son documentos necesarios pero a menudo se convierten en una mera formalidad burocrática. Para que tengan un verdadero poder transformador, es fundamental recuperar su sentido original mediante una elaboración integral y participativa que establezca metas y criterios consensuados. Asimismo, es importante simplificarlos y adecuarlos a la realidad de cada centro para que se enfoquen en la reflexión profunda y el análisis de soluciones más que en la extensión.