El poema se dirige a las ninfas que viven en el río, pidiéndoles que dejen su labor para escuchar la triste historia del poeta. Les advierte que su relato será tan lamentable que o bien ellas no podrán soportar escucharlo por la pena o él se convertirá en lágrimas. El poeta emplea la métrica y figuras literarias propias del soneto renacentista.