Los números complejos surgieron de la necesidad de encontrar soluciones a ecuaciones cúbicas en el siglo XVI. Aunque los matemáticos al principio eran reacios a aceptarlos, su utilidad quedó demostrada. En el siglo XVIII, Euler les dio el nombre "i" a la raíz cuadrada de -1 y los números complejos pasaron a ser aceptados. Se pueden representar en un plano cartesiano con la parte real en el eje x y la parte imaginaria en el eje y, o en forma polar mediante módulo y argumento