La monarquía visigoda, establecida tras la caída del Imperio Romano, organizó un reino en Hispania que abarcaba desde el Loira hasta el Tajo, impulsando la homogeneización cultural y religiosa al aceptar el catolicismo. La economía se basó en la agricultura y la ganadería, mientras que la nobleza concentró el poder y la riqueza, sentando las bases del feudalismo. A pesar de su influencia romana, la cultura visigoda se mantuvo con un fuerte componente religioso, destacando figuras como Isidoro de Sevilla.