El documento discute el papel que puede jugar la medicina de familia en abordar el malestar emocional. Propone un modelo de intervención en tres fases: 1) clarificación del problema y sus factores contextuales mediante escucha activa y empatía, 2) establecer un acuerdo terapéutico colaborativo, 3) elaborar y aplicar un plan de acción personalizado centrado en la resolución del problema más que en la medicalización. Concluye que los médicos de familia deben ofrecer una respuesta humanizada al sufrimiento em