La ética en la Edad Media se basa en una combinación de las doctrinas clásicas de la felicidad con la doctrina cristiana revelada por Dios. El fin último del actuar humano es alcanzar la caridad viviendo según el Evangelio, lo que permite acceder a la visión de Dios en el cielo. Figuras clave como san Agustín de Hipona y santo Tomás de Aquino ayudaron a desarrollar esta ética cristiana, especialmente Tomás de Aquino en la Suma de Teología.