El documento argumenta que una gramática de constituyentes inmediatos no puede explicar completamente cómo los hablantes producen y entienden oraciones en su lengua, dado que cada lengua tiene un número infinito de oraciones posibles. Por lo tanto, los seres humanos deben estar equipados con un mecanismo finito de conocimiento que les permite construir e interpretar un número infinito de oraciones, y una gran parte de esa gramática interna es innata.