La integración vertical describe un estilo de propiedad y control donde las compañías comparten jerarquía y un mismo dueño a lo largo de la cadena de valor. Existen dos tipos de integración vertical: hacia arriba/atrás, donde una compañía crea empresas proveedoras; y hacia adelante, donde distribuye directamente al consumidor. Los beneficios incluyen economías de escala y costos reducidos, pero también existen desventajas como la dificultad de determinar el grado óptimo de integración.