La herida es una disrupción de estructuras anatómicas que inicia un proceso de cicatrización compuesto por fases de inflamación, proliferación y remodelación. La cicatrización puede ocurrir por primera o segunda intención, dependiendo del tipo y extensión de la herida, y se ve afectada por factores como infecciones, diabetes y deficiencias nutricionales. La fuerza tensil de la herida mejora con el tiempo, alcanzando hasta un 80% de la fuerza original en tres meses, aunque puede haber complicaciones como queloides por una producción excesiva de colágeno.