El neoclasicismo, que emerge en la segunda mitad del siglo XVIII, se caracteriza por la racionalización de la cultura y el arte influenciada por la Ilustración, reemplazando el enfoque religioso por una moral laica. Este movimiento busca recuperar los principios del arte clásico y refleja una indecisión estilística entre idealismo y realismo, llevando a un eclecticismo en la arquitectura y escultura. Figuras como Jacques-Louis David ejemplifican la pintura neoclásica, donde priman temas históricos y mitológicos, con una búsqueda de equilibrio y una estética de simplicidad y perfección.