Pierre Faure basó su método de educación personalizada en tres principios: 1) el principio de singularidad, que reconoce la individualidad de cada persona; 2) el principio de autonomía, que considera que cada persona es libre y debe estar consciente de esta libertad; y 3) el principio de apertura, que sostiene que la escuela debe educar la dimensión social de los estudiantes creando un ambiente de participación y expresión espontánea.