La resiliencia se define como la capacidad de adaptarse positivamente ante situaciones de riesgo o adversidad. Se basa en tres pilares: control, cambio y compromiso. Las personas resilientes tienden a ser positivas, sociables, controlar sus emociones, automotivarse y confiar en sí mismas. Aunque la resiliencia depende de factores innatos, también puede desarrollarse a través del apoyo familiar, relaciones sociales y comportamientos prosociales.