La congelación de alimentos, utilizada comercialmente desde 1842, impide el crecimiento de microorganismos y prolonga la conservación de alimentos como frutas, verduras, carnes y pescados. Existen diferentes métodos de congelación, siendo la rápida la más eficaz para mantener las propiedades nutritivas y organolépticas. Es crucial mantener temperaturas adecuadas durante la refrigeración y descongelación para prevenir la actividad bacteriana que puede afectar la calidad de los alimentos.