El Imperio Bizantino tenía una monarquía absoluta donde el emperador tenía poder político y religioso. El arte bizantino tenía un carácter místico y simbólico, y se vio influenciado por tradiciones helénicas, paleocristianas y orientales. Los mosaicos y pinturas decoraban iglesias siguiendo modelos iconográficos fijos, con fondos dorados y figuras estilizadas.