La ira es una emoción básica y universal que actúa como defensa y regulación social, siendo esencial para la supervivencia. Su manifestación puede ser saludable, pero su frecuencia y desproporción llevan a problemas, por lo que es fundamental aprender a controlarla y expresarla adecuadamente. Además, la ira se relaciona con la obstrucción de metas y la transgresión de normas, y su expresión debe ser guiada por la razón para evitar reacciones impulsivas.