La tradición normalizadora-disciplinadora promovía la homogeneización de los alumnos a través de la ideología de las masas. Los maestros debían difundir los saberes generales e imponer la cultura de la institución, formando a los alumnos de manera mecánica y sin importar su opinión individual. El maestro era el encargado de transmitir conocimientos sobre salud y control social. Se esperaba que el maestro fuera culto, limpio y despabilado para poder transmitir estos conceptos y formar un pueblo