La revolución inglesa se inició en el siglo XVII debido a las tensiones entre el rey Carlos I y el parlamento, marcadas por la búsqueda de un poder absoluto del monarca y la negativa del parlamento a aceptar nuevas políticas fiscales. Tras una serie de conflictos y la ejecución del rey en 1649, Inglaterra se convirtió en una república bajo Oliver Cromwell, aunque esta fue seguida por la restauración de la monarquía con Carlos II en 1660. Durante este periodo, surgieron movimientos sociales y sectarios que abogaron por derechos universales y reformas políticas, reflejando las tensiones entre diferentes clases y ideales en la sociedad inglesa.