Los tres otorongos debían subir a lo más alto de una montaña para encontrar comida y agua. El primer otorongo se encontró con espinas y regresó. El segundo sintió frío y también regresó. Solo el tercer otorongo, que era esforzado, logró llegar a la cúspide a pesar de un derrumbe, enseñándonos que no debemos rendirnos ante las dificultades.