La disfunción eréctil se define como la incapacidad para conseguir y mantener una erección adecuada para relaciones sexuales satisfactorias, y su clasificación incluye orígenes orgánicos y psicógenos, a menudo coexistiendo ambos. La prevalencia de esta condición varía, con factores de riesgo asociados que incluyen patologías cardiovasculares, diabetes, y aspectos psicológicos como el estrés y la depresión. El tratamiento generalmente involucra terapia combinada que puede incluir fármacos, dispositivos y enfoques psicológicos, siendo los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 la primera línea de tratamiento.