Una fractura abierta requiere tratamiento inmediato que incluye desbridamiento quirúrgico radical, estabilización de la fractura, y cierre o cubrimiento de los tejidos blandos para prevenir infecciones. El objetivo final es preservar los tejidos viables, lograr consolidación ósea, y recuperar la función a través de posibles reconstrucciones secundarias y terapia de rehabilitación.