Primero, la muerte cerebral se define como la pérdida irreversible de las funciones del encéfalo. Segundo, aunque se mantengan algunas funciones corporales con soporte vital, la persona se considera clínicamente muerta. Tercero, esta definición se adoptó para facilitar el trasplante de órganos y resolver problemas éticos relacionados con el mantenimiento prolongado de pacientes irreversiblemente inconscientes.