El estrés afecta negativamente a los niños pequeños cuando es provocado por los adultos. Los niños no tienen noción del tiempo y no deberían forzarse a adaptarse al ritmo de los adultos, lo que puede dañar su desarrollo. El estrés excesivo durante la infancia puede provocar un proceso de poda cerebral prematuro o anormal que deja vulnerabilidades. Los niños necesitan principalmente tiempo de interacción recíproca con sus cuidadores, más que sobreestimulación artificial.