La leishmaniasis es una infección parasitaria transmitida por vectores, endémica en más de 90 países, con un importante impacto en poblaciones vulnerables. Se presenta en formas cutáneas y mucocutáneas, y su diagnóstico se realiza mediante exámenes parasitológicos e inmunológicos, con tratamientos que incluyen antimoniales y anfotericina B. No existen vacunas, pero se pueden implementar medidas de prevención como educación y control de vectores.