La sepsis severa y el shock séptico son causas significativas de morbi-mortalidad en pacientes de cuidados intensivos, con una alta incidencia y mortalidad que persiste a pesar de las mejoras terapéuticas. La disfunción cardíaca asociada a estas condiciones se caracteriza por disminución de la contractilidad y mala respuesta al tratamiento, con un papel importante de los biomarcadores y opciones terapéuticas que incluyen la resucitación hemodinámica y el uso de estatinas. Se concluye que la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos es crucial para el desarrollo de nuevas estrategias en el tratamiento de la sepsis.