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ENEMIGOS PROBABLES

  1. 1. 1 ENEMIGOS SOLAMENTE PROBABLES. Manfred Nolte En 1933, Ortega y Gasset abrió una célebre conferencia con las siguientes palabras: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Resulta que la economía española está dando zancadas vigorosas para alejarse definitivamente de la gran crisis global y a nuestro lado, impertérritas ante un cúmulo de signos esperanzadoras, nuestra bolsa de valores , de la mano del resto de las mundiales, ha sufrido los estragos de una tormenta formidable. Y no sabemos como pueden pasar ambas cosas a la vez, porque nos parecen contradictorias. Pongamos las cosas en perspectiva. Para entender como funciona la economía y como podemos gestionarla orientándola al progreso social tenemos que prestar atención a las ideas y sentimientos que animan a las gentes, a sus ‘espíritus animales’. Nunca interpretaremos cabalmente los giros económicos que surgen periódicamente sin confrontarnos al hecho de que sus causas son en gran medida de naturaleza mental. ‘Espíritus animales’ (‘Animal spirits’) es una expresión acuñada por John Maynard Keynes para describir la emoción o el afecto que influye en el comportamiento humano y que se puede medir en términos de la confianza de los distintos agentes económicos. El genial economista inglés apreciaba que la mayor parte de la actividad económica se regía por motivaciones racionales pero que en buen número de situaciones también estaba gobernada por ‘espíritus animales’, por motivos no estrictamente económicos ni racionales, como, por ejemplo, la mera prudencia o el miedo o la mengua en la confianza o incluso la corrupción. En opinión de Keynes estos ‘espíritus animales’ son la causa principal de las fluctuaciones económicas súbitas o inesperadas. Veamos: han tenido que ser las dramáticas caídas de los parqués mundiales en un verano aciago que se extiende hasta el día de hoy, las que nos han advertido que algo chirría en la marcha económica de los países en la estela de la gran
  2. 2. 2 crisis global. Según el índice Bull and Bear de Merril Lynch el sentimiento global de los inversores es el más negativo desde 2011. Por primera vez desde 1990, mantener el dinero en efectivo o en cuenta corriente ha resultado una mejor alternativa que los índices de bonos y acciones. La crisis de origen yanqui (no debe olvidarse nunca) arrasó una buena parte de las economías occidentales y también de las emergentes y en desarrollo. Pero es sabido que por mera tautología, es decir por mera repetición de lo que expresa su concepto o contenido, las crisis también tienen un final. De lo contrario no serían crisis sino que se instalarían en un equilibrio estacionario permanente, una especie de encefalograma plano de la actividad productiva que se contradice con nuestras experiencias. El ciclo es un ingrediente vital de la circunstancia humana que discurre desde su ritmo interior circadiano hasta las fastuosas oscilaciones de los astros en su deambular por un firmamento en asombrosa expansión. De modo que la crisis contagiada por los Estados Unidos de América al resto del planeta, como toda crisis, había llegado tiempo atrás a su punto de inflexión(en algunos casos, bastantes, tras no pequeñas recaídas). Citemos tres ejemplos claros: Estados Unidos, el villano de esta película que fue el primero en alcanzar la plena recuperación y en similar medida Alemania y más recientemente el Reino Unido. En estos tres países, en 2015 se registran ya niveles iguales o superiores de PIB a los de 2008. Lo mismo cabe decir de sus porcentajes de desempleo, indicador social de análoga importancia al del PIB y al que este se supedita. En otros, tras una dilatada suma de trimestres encadenados de PIBs negativos, la tendencia se había roto iniciándose una senda de crecimiento más o menos robusta y apreciable. Entre estos últimos está el caso de España, que a partir de 2013 deja atrás los crecimientos negativos de producción final y la destrucción de empleo para iniciar la senda de la recuperación. Este era hasta mediados de este verano el marco de referencia de la economía española. Ocho trimestres sucesivos de crecimiento con una tasa prevista en 2015 del 3,2%, liderando el crecimiento de la Unión europea. Reducción del déficit comercial, superávit del corriente, record de exportaciones y el hecho esperanzador de registrar un aumento en su cuota de exportación en el total mundial. Un mes de julio, el mejor en 17 años para el desempleo, que bajó en 74.028 personas, el descenso más importante desde 1998 y la perspectiva de que antes de 2017 se crearán un millón de empleos. La confianza del consumidor en nuevos máximos en plena canícula veraniega, lo mismo que las matriculaciones de turismos que registraron su mejor julio en 19 años. Y así muchos hitos más. El más reciente el de la agencia de calificación crediticia Standard & Poor's que ha mejorado este viernes en un escalón el rating de la deuda española, hasta 'BBB+' con perspectiva 'estable'. La entidad estadounidense, a través de un comunicado, ha justificado esta decisión en el impacto positivo que las reformas del Gobierno han tenido en la economía de España Pero henos aquí, que este caminar esperanzador de la cuarta economía europea, capitaneando el avance del resto de economías del viejo continente, ésta se ve súbitamente confrontada a lo que bien pudiera ser un tsunami financiero, si las cosas, como parece, se obstinan en continuar así.
  3. 3. 3 En efecto, el selectivo de la Bolsa española, el Ibex 35 a niveles de 9.500, similares a los de mediados de 2013 y retrocediendo de un esperanzador nivel de 11.900 el máximo anual alcanzado a principios de este año. El Ibex cierra su peor trimestre desde el rescate financiero de España en 2012. Derrumbe menos acusado el del Dow americano que ronda los 16.000 viniendo de máximos históricos de 18.300 igualmente a principios de año y retrocediendo a cotizaciones de inicios de 2014. O el caso del Dax alemán que lucha con el 9.7oo después de alcanzar los 12,400 el la primavera de 2015. Hay una diferencia que sitúa las estadísticas en su referencia apropiada. Y es que Estados Unidos, Alemania o Reino Unido habían recuperado (hasta hace unas semanas) no solo sus niveles de producción y empleo sino también los máximos históricos de sus bolsas, mientras que en el caso del Ibex venimos de un registro de 16.000 puntos en las vísperas del inicio de la crisis en 2008. ¿Qué sucede entonces a nivel de la economía española, pero siempre inserta en el concierto mundial de países, para que se haya producido una disociación tan brutal entre los índices generalmente utilizados para monitorizar la evolución de una economía y el decepcionante deambular de los mercados financieros, en particular el de los mercados de renta variable? Dos cosas muy importantes. La primera que las bolsas han hecho honor a su función de ser unos estimadores anticipados de la coyuntura a corto plazo (no así del largo), coyuntura que descuentan por lo general a tipos más que cautelosos. Por si acaso. La segunda los ‘espíritus animales’. Las expectativas y con ellas el último resorte de los componentes de la demanda en una economía de mercado: la confianza de consumidores y empresarios que en este impacto inicial solamente tiene efectos financieros, esto es, patrimoniales o de deterioro del stock de riqueza sin afectar por el momento al retraimiento de la demanda efectiva lo que nos conduciría inexorablemente a una segunda recaída (tercera en conjunto) desde 2008. Las variables reales no dan pie al desánimo, y hay que seguir esperanzados en que proseguirán su senda de recuperación. En 2016 se prevé que España alcance su nivel de PIB global y per cápita de 2008. Pero a pesar de que las expectativas de los agentes económicos siguen siendo positivas, tanto la confianza del consumidor como industrial interrumpieron (esperemos que temporalmente) en el tercer trimestre de 2015 su tendencia al alza. Todo lo cual indica que el ritmo de crecimiento se está desacelerando durante el segundo semestre del año y, lo que es peor, que libramos la batalla contra un enemigo solamente posible y a veces probable. Escarbando en la conciencia, el enemigo probable tiene ojos y cara: en España se llama Cataluña y elecciones generales. En el mundo global el ‘tapering’ de la Sra. Yellen, el trasiego de fondos de emergentes hacia el euro y Estados Unidos y la recesión en algunos de ellos, como Brasil, así como el riesgo de que otros les acompañen. También la caída de las materias primas y del petróleo ya que, a la postre, los países en crisis compran menos a los ricos y la pérdida se socializa o sea se contagia. Y en Europa, como ha señalado Wolfgang Münchau, la crisis de los refugiados, la impagable deuda periférica, la agresión rusa a Ucrania y el macro bofetón a la credibilidad internacional propinado por el grupo
  4. 4. 4 Volkswagen. Algunos –personalmente disiento- agregan a dicha letanía de lamentaciones un shock adicional: el tratado de estabilidad, cooperación y gobernanza firmado por los estados de la eurozona en 2012. Ya se sabe que no hay nada más conservador que un dólar o un euro, que la confianza es siempre una predicción personal basada en un crédito muchas veces abstracto e irracional y que el miedo es libre. Nos encontramos en un entorno macroeconómico estable. Que China y los emergentes no crezcan como en el pasado es cosa sabida. Pero el mundo no está en recesión. Un crecimiento del 3,3% es bastante aceptable y apenas difiere de la serie de los últimos años. No obstante, aunque la economía real discurra por los previsibles derroteros de la recuperación, puede haber crisis bursátil para rato. Al menos mientras no se materialicen o se esfumen los espíritus animales que nos hemos formado.

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