La cirrosis hepática es una enfermedad terminal caracterizada por fibrosis irreversible y aumento del riesgo de carcinomas, siendo la 12ª causa de muerte a nivel global. Su diagnóstico se basa en síntomas clínicos, análisis sanguíneos e imágenes, y el tratamiento incluye manejo dietético, evitar hepatotóxicos y, en casos severos, trasplante hepático. La etiología abarca desde alcoholismo, enfermedades metabólicas hasta obstrucciones biliares, y el pronóstico se evalúa a través de escalas como MELD.