El documento resume las posiciones de varios filósofos medievales sobre el problema de los universales. Abelardo propuso el conceptualismo, que sostiene que los universales son conceptos en la mente pero no existen realmente fuera de ella. Tomás de Aquino adoptó una postura más moderada, conciliando el realismo y el nominalismo. Roscelino defendió un nominalismo extremo al afirmar que los universales son meros nombres.