El síndrome hemofagocítico implica la proliferación de macrófagos y citofagocitosis en médula ósea y tejidos linfoides, pudiendo ser primario o secundario a infecciones y enfermedades malignas. Los síntomas incluyen fiebre, esplenomegalia y alteraciones hematológicas, y el diagnóstico se basa en criterios clínicos y de laboratorio. El tratamiento se centra en la inmunosupresión y, en casos severos, el trasplante de médula ósea puede ser curativo.