El aprendizaje escolar se multifacético y se lleva a cabo dentro de un contexto institucional que, a menudo, desconecta el conocimiento de la vida cotidiana del alumno. Este proceso es guiado, evaluado y realizado en interacción con otros, reflejando complejidades y conflictos que dificultan su aplicación práctica. Se sugiere reorientar el enfoque educativo hacia la cultura experiencial del alumno y establecer aulas como espacios de aprendizaje compartido para facilitar la conexión entre conocimiento y acción.